Una buena educación nutricional no pasa por obligar al niño a terminar toda la comida del plato. Desde Agora International School Barcelona te explicamos por qué

Atrás quedaron los tiempos en los que nuestros padres y abuelos nos decían que la última cucharada del plato era la que más alimentaba. Tiempos en los que teníamos que terminárnoslo todo si queríamos postre, o salir a jugar, o pasar un rato con nuestros primos. La ciencia ha demostrado que educar a los niños en que se terminen todo lo que les ponemos en el plato no guarda relación con mejor ni peor educación nutricional y desde Agora International School Barcelona te vamos a explicar por qué.

«Mientras menos se emitan juicios acerca de las comidas y menos se utilicen como premio/castigo, mejor para la salud futura del niño». Así se refieren Juan Llorca y Melisa Gómez en su libro ‘Leche con Galletas’ (Ed. Vergara) a la idea de relacionar la alimentación infantil con su comportamiento y utilizarla como premio o castigo.

Y es que, son muchos los expertos que hablan del grave error que cometen las familias que tienden a relacionar la educación nutricional con la educación emocional. Sin ir más lejos, el nutricionista Julio Basulto, quien afirma que: «obligar a un niño a comer no es ético, ni educativo y es contraproducente. El objetivo no es que el niño coma sino que quiera comer, y que quiera comer saludable, y eso no se consigue con la coacción, con la presión, con la insistencia ni con premios y castigos».

Obligar a que se termine todo puede dañar vuestra relación

Según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Michigan, utilizar la obligación en la mesa puede causar tensiones a la hora de comer y, además, dañar la relación paterno-filial. «No existe evidencia de que presionar a los niños les ayude», explicó uno de los autores del estudio en un comunicado.

Algo con lo que está de acuerdo el pediatra Carlos González quien, en su libro ‘Mi niño no me come’ (Ed. Temas de hoy) ya hace referencia a ello: «no obligue a comer a su hijo. No le obligue a comer jamás, por ningún método, en ninguna circunstancia, por ningún motivo», explicaba.

¿Hay algún alimento al que tienes mucho asco?

Si día tras día nos mostramos insistentes en que nuestros hijos terminen con toda la comida que les hemos servido y no tenemos en cuenta su opinión sobre cuánto quiere o deja de querer, podemos caer en el grave error de provocarle un rechazo a ese alimento que hay en el plato de por vida. Para explicar esto mejor vamos a recurrir a un ejemplo práctico: una chica pasó tres años de su vida comiendo y cenando en casa de su tía abuela, una mujer que creía firmemente en el poder de las sopas para cualquier dolencia. Así que, esos tres años ingería sopas de diferentes texturas, sabores y elaboradas con diferentes ingredientes, dos veces diarias. Sin excepción alguna.

¿Cómo desencadenó? Aquella chica adolescente creció, se casó y formó una familia en la que jamás se ha comido un plato de sopa. Aquella obligación a comer y acabarse toda la sopa provocó en ella un rechazo a este alimento que ha transmitido a sus hijos.

No es ninguna tontería: «si forzamos al niño a que coma un alimento, difícilmente los elegirá motu proprio en futuras ocasiones ya que, precisamente, forzar a comer suele provocar aversión y rechazo hacia los alimentos a los que se ha obligado a comer» comenta María Manera Bassols, dietista-nutricionista y experta en alimentación infantil.

¿Cómo fomentar una correcta educación nutricional en casa?

A continuación, desde Agora International School Barcelona os vamos a proponer una serie de consejos para educar nutricionalmente a vuestros hijos sin miedo a hacerlo mal. Ante todo, hay que recordar que “la adquisición de buenos hábitos y el conseguir que tomen una dieta equilibrada es cuestión de tiempo y mucha paciencia”, como recuerda la Asociación Española de Pediatría.

  • Por supuesto, como hemos explicado a lo largo del artículo, no deberemos obligar a comer a nuestro pequeño. Si identificamos que no quiere comer durante varios días seguidos, deberemos investigar el origen de ese problema, pero no juzgar su comportamiento.
  • Si no quiere un alimento, podremos probar a ofrecérselo con otra presentación, otro cocinado o mezclado con otra cosa ya que, a menudo, suelen ser las texturas lo que extrañan (y no el sabor)
  • Evitar que el niño pique entre horas
  • Intentar actuar con calma y no usar la hora de comer para atacar a algún miembro de la familia: «las comidas deben ser un lugar de encuentro de la familia, no el momento de más estrés», asegura Eva María Pérez Gentico, nutricionista.
  • Ten en cuenta la opinión de tu hijo a la hora de servir la comida y no le pongas la cantidad que tú consideres oportuna: «la cantidad la debe decidir siempre el niño, según su apetito y necesidades, y no los adultos», comentan desde la AEP. «El apetito de la mayoría de los niños es suficiente para suplir sus necesidades por lo que no hay que demostrar preocupación acerca de la cantidad de comida que toman»
  • Intenta evitar estímulos externos a la hora de comer: hablamos, por ejemplo, de las pantallas.

Resumiendo: si quieres que tu hijo tenga una educación nutricional sana y adquiera buenos hábitos alimenticios desde la infancia, no le obligues a terminarse todo lo que hay en el plato. Ni a probar todo lo que tú quieras en el momento que tú creas oportuno: aprende a escucharle, a dejar que decida cuándo y qué quiere probar y, si en última instancia se niega a probar algún alimento, prueba a ofrecérselo con otra presentación o con otro cocinado.

15 / 06 / 21